Secuelas del Aborto

Secuelas del Aborto

SECUELAS DEL ABORTO

La ciencia nos revela a través de estudios científicos, algunos de ellos recientes, que las diferentes prácticas del aborto presentan todo tipo de secuelas y lesiones en la mujer que se somete a ellas, las que derivan a menudo en la muerte. A modo de síntesis, las patologías descubiertas hasta la fecha, podemos encuadrarlas entre dos grupos de afectación: las secuelas psíquicas y las físicas.

Las secuelas psíquicas del aborto

Dentro de este universo de patologías, podemos distinguir entre traumas moderados, y aquellos estipulados como de gravedad. En ocasiones se presentan de manera transitoria, otras de manera permanente, pudiendo incluso manifestarse por primera vez con un espacio de tiempo considerable respecto del episodio del aborto que le diera origen. Además de las secuelas de menor impacto, como pesadillas, insomnio y depresión, hoy se encuentra suficientemente determinado el diagnóstico del Síndrome Post-Aborto (S.P.A.), como una especificación del Síndrome Post-Traumático (S.P.T.), equivalente al trastorno que padecen los soldados luego de haber participado en un conflicto armado. Las consecuencias y tratamientos necesarios son asimismo equivalentes en uno y otro síndrome. La particularidad es que la duración de esta patología una vez confirmado el diagnóstico es indeterminada, incluso sometida la madre al tratamiento adecuado, constatándose casos crónicos de consecuencias realmente devastadoras.

Las consecuencias mas habituales del padecimiento de esta secuela son: llantos repentinos y recurrentes, insomnio, pérdida de apetito, pérdida de peso, agotamiento, nerviosismo compulsivo, vómitos, trastornos gastrointestinales, disfunción sexual, problemas de pareja, sentimiento de culpabilidad, impulsos suicidas, sentimiento de luto, remordimientos, pérdida de confianza para la toma de decisiones, retraimiento, baja autoestima, hostilidad, conducta autodestructiva, ataques de pánico, desesperación, ataques de ira, recuerdos de la fecha de la muerte y de la fecha en que hubiera nacido el hijo/a, cálculos sobre la edad que tendría su hijo/a.

En opinión de los expertos, las posibilidades de padecer secuelas psíquicas a raíz de un aborto aumentan considerablemente si el embarazo proviene de una violación real, ya que someterse a esta traumática práctica, acostada y atada en la camilla especial utilizada a estos fines, que somete asimismo sus extremidades inferiores obligándola a permanecer en posición ginecológica sin poder la madre adoptar una posición defensiva ni evitar la invasión perpetrada por el abortista, al tiempo que éste introduce y retira violenta y reiteradamente sus instrumentos, la cánula del aspirador (según la técnica elegida) y otros elementos, revive en la psiquis de la víctima los recuerdos imborrables del acceso carnal del agresor, experimentando por la similitud del acto, un trauma equivalente o superior al de la violación, con el agravante de sumar a su conciencia la pesada carga de culpa por la eliminación violenta de la vida de su hijo.

No obstante, y mas preocupante aún es el resultado de recientes estudios realizados en Estados Unidos publicados en el prestigioso British Journal of Psychiatry, cuya compilación sobre 870.000 participantes demuestra que, independiente o conjuntamente con el S.P.A., las mujeres sometidas a la evitable práctica del aborto sufren un peligroso aumento de 155 % la posibilidad de suicidarse respecto de la media estándar de la población.

Análogamente, otro estudio anterior llevado a cabo en Finlandia, sobre la base de los certificados de defunción de las mujeres que estuvieron embarazadas en el año anterior a su muerte prueba que, comparativamente a las madres que dieron a luz a su hijo, la tasa de suicidio de aquellas que se realizaron un aborto (dentro del período de un año) se incrementa en siete veces, es decir que aquella mujer sometida a un aborto tiene, respecto de aquella que da a luz a su hijo, un 700 % mas de probabilidad estadística de morir por suicidio, lo que eleva a éste a un preocupante 27 % sobre el total de muertes de madres luego de un año del parto/aborto. Dicho en otras palabras, mas de una cada cuatro muertes de mujeres que estuvieron embarazadas, fue por suicidio.

En línea con esta realidad médica-estadística, en nuestro país el Ministerio de Salud de la Nación reconoce en el apartado “Información Relacionada con Suicidios” de su sitio web oficial al aborto como un “factor de riesgo para el suicidio” (Información Adicional, Punto I, 3er párrafo).

Otros estudios revelan que existe una alta correlación entre el suicidio de las madres y las fechas aniversario del aborto, o la fecha esperada de parto, así como reportes de suicidios masculinos luego de abortos de sus parejas.
La gravedad del aborto asimismo, y según los investigadores de la Universidad de Minnesota (Estados Unidos), se incrementa en las madres adolescentes, quienes experimentan un aumento de 10 veces la posibilidad de suicidio respecto de las que no abortan.

Las secuelas físicas del aborto

Hay una infinidad de consecuencias físicas que padecen miles de mujeres al año a raíz de la práctica del aborto, independientemente si se realiza en países donde se encuentra legalizado o no, las que además pueden ocurrir en conjunción con los daños psíquicos anteriormente descriptos, y que en muchas ocasiones además culminan en la muerte de la madre víctima de esta práctica.

Como prueban muchos investigadores el aborto es causante de daños físicos tales como Endometritis, Enfermedad Pélvica Inflamatoria (E.P.I.), Embarazos Ectópicos posteriores, Síndrome de Placenta Previa, Laceraciones Cervicales (desgarros), Perforación de Útero, Cáncer Cervical, Cáncer de Ovarios, Cáncer de Hígado, Cáncer de Mama y finalmente la muerte, además de otras complicaciones inmediatas como Infecciones, Hemorragias, Embolias y problemas con la anestesia.

El riesgo de padecer Endometritis (inflamación del endometrio) aumenta considerablemente en todas las mujeres que se someten a un aborto, pero especialmente en las adolescentes, que incrementan su riesgo un 250 %.

La Enfermedad Pélvica Inflamatoria (E.P.I.) representa un riesgo para la vida de la mujer que la padece, al tiempo que aumenta el riesgo de embarazos ectópicos posteriores y pérdida de fertilidad. Según los investigadores, el 23% de las madres infectadas por Clamidia.spp al momento del aborto (bacteria del género gramnegativas perteneciente a la familia Chlamydiaceae) desarrolla esta enfermedad, adicionado a un 5% de pacientes que no habiendo estado infectadas por Clamidia, igualmente sufren E.P.I. luego de las cuatro semanas posteriores al aborto.

Esta práctica, a su vez se encuentra científicamente vinculada al aumento de Embarazos Ectópicos posteriores, los que representan una grave amenaza para la fecundidad de la madre y asimismo para su vida.

El Síndrome de Placenta Previa es una patología que consiste en la superposición de la placenta sobre el cérvix, causante de hemorragias durante el parto, muerte perinatal y malformación del niño. Los investigadores demuestran que el aborto aumenta el riesgo de padecer esta afección en embarazos posteriores a razón de un 700% a 1500%, poniendo en riesgo tanto la vida de la madre, como de los futuros hijos, y coartando de este modo, por el resto de su vida, el derecho de toda mujer a tener hijos.

La experiencia médica prueba que al menos el 1% de los abortos (realizados en el primer trimestre) causan Laceraciones o Desgarros Cervicales de importancia. Aquellos de menor envergadura, al igual que las micro-fracturas, son igualmente preocupantes por cuanto al no ser advertidas no se tratan, derivando muchas veces en perjuicios para la salud reproductiva, incompetencia cervical, futuros partos prematuros y complicaciones en el parto.

Sobre las Perforaciones de Útero, se estipula que entre un 2% y 3% de las mujeres que padecen un aborto sufren una perforación uterina. La mayoría de ellas quedan sin diagnosticar y pueden derivar en cuadros posteriores que requieran una histerectomía o cirugías correctivas (con sus consecuentes implicancias físicas y psicológicas). El riesgo aumenta en las mujeres que ya han tenido otros hijos previos, y en aquellos abortos realizados con anestesia general.

Respecto al Cáncer Cervical, de Ovarios, y de Hígado se encuentra comprobado que debido a la interrupción no natural de los cambios hormonales, el aborto aumenta a más del doble el riesgo de padecerlo luego del primer aborto, y se cuadruplica en aquellas mujeres a las que realizaron más de un aborto.

Por último, y en referencia al Cáncer de Mama hay disponible abundante material científico que demuestra su conexión directa entre la práctica del aborto y esta enfermedad. El cáncer se inicia en células mamarias inmaduras e indiferenciadas (aquellas que aún no se especializaron), las que proliferan en el primer trimestre de embarazo estimuladas por el alto grado de la hormona estrogénica femenina. En la segunda mitad del embarazo, estos tejidos crecen bajo la influencia del lactógeno placentario humano y de otras hormonas, y se diferencian rápidamente hacia tejido lactógeno especializado, que es menos susceptible de malignizarse. El aborto interrumpe abruptamente este desarrollo no permitiendo al cuerpo ajustarse naturalmente, dando lugar al tejido canceroso. Desde 1957 hasta la fecha, decenas de estudios científicos dan cuenta del aumento de riesgo de padecer cáncer de mama luego de un aborto, y mayor aún luego de abortos múltiples.

Entre las investigaciones y recopilaciones mas importantes se destacan la del Dr. Joel Brind PhD quien realizó un meta-análisis sobre 73 estudios realizados a nivel mundial, concluyendo que las mujeres sometidas a un aborto tienen un 50% mas de probabilidad de padecer cáncer de mama. En forma complementaria, Janet Dailing agrega que en las mujeres menores de 18 años el riesgo de sufrir cáncer de seno aumenta a 150%, y más gravemente aún a 800% si el aborto fue inducido entre la 9na y 24ava semana de gestación. A modo de referencia, solo en los Estados Unidos se calcula que actualmente el aborto legal es el responsable de 80.000 casos de cáncer cada año.

Recientemente en una investigación realizada en febrero de 2016 por Nagrani et al. sobre 15 estudios del sur de Asia (India, Pakistan, Bangladesh, Sri Lanka) y otros mas de los últimos 10 años (Irán, Kazajstán, Egipto, Palestina, Irak, Turquía, Armenia y México), los autores también dan cuenta del aumento de casos de cáncer en mujeres que padecieron un aborto inducido (58% a 108%), el que en ocasiones aumenta hasta 20 veces las probabilidades en aquellos casos de abortos múltiples.