ABORTO EN ARGENTINA

ABORTO EN ARGENTINA

ABORTO EN ARGENTINA

Interés de legalizar el crimen

Mucho se ha hablado sobre la realidad del aborto en nuestro país. Todos sabemos que existen grupos cuyo interés reside en legalizar el aborto en Argentina, como en otros tantos países de América del Sur y África, cuyas poblaciones son percibidas como “indeseables” no tanto por su situación de pobreza que termina afectando tarde o temprano a los países poderosos a través de la inmigración y la contaminación, sino también porque sus poblaciones son el medio necesario para su desarrollo, y con ello consumo de materias primas y recursos naturales.
No obstante lo anterior, los grupos interesados en la legalización de la práctica del aborto, persiguen sobre todo el fin de lucro de un muy rentable negocio: las clínicas de abortos. Alguien podría negar este argumento diciendo que en nuestro país el reclamo de los abortistas es para un aborto “gratuito”, sobre lo que se desprende que nada es gratuito en este mundo. Para que alguien reciba una cirugía sin pagar por ella, alguien tuvo que pagar por ella (vía impuestos, por ejemplo) sin recibirla. Entonces, si se practica un aborto, o una cirugía estética por caso, en un hospital público, esta operación consume muchos recursos al estado (internación, sueldos del médico y enfermeras, descartables, sangre, etc.) puesto que nadie trabaja gratis, recursos por cierto que podrían aplicarse para salvar a una niña desnutrida, por ejemplo.
Pero eso es solo la primera parte del negocio, ya que descubrieron hace muchos años en otros países que el argumento de “seguro y gratuito” convencía muy bien a todos. La trampa final ocurre al momento de lograr la pretendida “legalización” ya que luego argumentan que con los hospitales solamente no alcanza, y que sería injusto para aquellas madres que quieren ejercer su “derecho a matar” pero viven lejos del hospital, etc., por lo que se exige al estado librar al mercado privado la provisión de abortos a través de clínicas (e incluso locales insalubres sin ninguna condición de seguridad), pero como éstos deben ser gratuitos, deben recibir fondos de parte del Estado, quien debe garantizarlos por medio de la recaudación de impuestos. Esto es lo que ocurrió en Estados Unidos hasta la asunción del presidente Trump. La principal cadena privada de abortos, Planned Parenthood (planificación familiar en inglés) recibía 550 millones de dólares del estado norteamericano. La paradoja se completa con decir que al ser en condiciones no hospitalarias, cada poco tiempo se requería una ambulancia para derivar a la madre atendida al hospital, la que muchas veces moría, pero siempre ocupando recursos al estado, además de consumir su dinero vía subsidios. Otro recuerdo es que cuando exigieron cerrar a aquellas clínicas que quedaban a mas de una hora de un centro hospitalario por razones obvias de salubridad, interpusieron una demanda para detener la medida, argumentando que las mujeres no tenían porqué manejar mas de una hora para asesinar a su hijo, aun a riesgo que murieran en el camino al hospital. Hospitales no, abortorios si, esa era la cuestión aparentemente.
Otra paradoja que ocurría en Estados Unidos, es la misma que intentan aplicar ahora en nuestro país los impulsores del aborto legal: dicen que el mismo debe ser libre, por lo que si una persona no está de acuerdo no debe abortar, y que el que quiera hacerlo pueda hacerlo, pero no mencionan que pretenden que ese aborto, ese asesinato prenatal, sea realizado con los impuestos que le cobran a todos, estén o no a favor de tal crimen. En pocas palabras, Ud. pague sus impuestos, que los abortistas se enriquecerán con su dinero asesinando argentinos antes de nacer, incluso en contra de su voluntad, o la del niño asesinado al que nadie consultó. Si parece exagerado decir que se enriquecen, pensemos en la misma cadena de abortos multinacional, Planned Parenthood, cuyos directivos ostentan sueldos superiores a los 100.000 dólares anuales, nada mal para un “servidor público”.

Situación actual (aspecto legal)

El aborto en Argentina es un delito. Siempre lo fue y lo sigue siendo. Todo el plexo normativo así lo indica, desde la Constitución Nacional, los Tratados Internacionales suscriptos por nuestro país con jerarquía constitucional, los Códigos civil y penal y las leyes particulares. Todos respetan la vida del niño por nacer en el vientre, desde el momento de la concepción.
Solamente persiste una excepción de la década de 1920, cuando aún se creía que de una mujer demente, incapaz o con Síndrome de Down, nacería un hijo igual. Esa excepción decía que si una mujer así era violada, aún siendo un delito, el aborto no era penalizable, es decir que nadie iría preso por ello. No obstante, en la historia completa de la Argentina, nunca una mujer fue presa por asesinar a su hijo por medio de un aborto, no hay registro de ello. Si hay médicos y otros no tan profesionales que fueron encarcelados por hacer abortos, pero no madres.
La misma excepción de no punibilidad se aplica, por ejemplo, a los robos entre familiares directos: es decir que si un hijo roba dinero a su papá, aún siendo delito, no puede ir preso.
Las abortistas con mucha astucia han tergiversado todo diciendo que ya no hacía falta que sea demente y violada, sino que podía ser 1) demente o 2) violada, interpretando que la coma usada en el texto de 1920 refería a dos circunstancias diferentes y no a la misma persona, con la obvia interpretación de que solo una demente podría abortar si no fuera violada, o una mujer violada si no fuera demente o incapaz, todo un argumento absurdo. Mas absurda fue la interpretación seguida a este disparate, en donde argumentan que si es “no punible”, entonces es un derecho, y con mucho criterio inventivo adicionan que como derecho debe ser garantizado por el Estado (a través de tus impuestos). Entendamos un poco este disparate: si un hijo roba a su padre, sigue siendo un delito, pero “no punible”. Con la misma lógica (absurda) al ser no punible, el delito se transforma en un derecho (derecho a robar a los padres), y a ello le agregamos este invento que todo derecho debe ser financiado por el Estado (aquí debería intervenir el gobierno suministrando armas y municiones en buen estado para que el hijo pueda asaltar a su padre en condiciones de “seguridad”).
Sobre esta errónea y reciente interpretación que hiciera la Corte Suprema sobre la antigua legislación, que por casi 100 años se interpretó correctamente, los grupos abortistas basan todo su argumento, al punto de además decir que ahora el aborto es “legal” y que existe el derecho a matar a su hijo en el vientre en cualquier hospital, y que sobre este disparate además el médico debe obedecer siendo el verdugo incluso en contra de su moral y ética.
En la práctica el aborto sigue siendo un delito en todo el territorio nacional, aunque ninguna mujer vaya presa por hacerse un aborto. A raíz de la intromisión de la Corte Suprema en el poder legislativo, se calcula que un pequeño porcentaje de hospitales realizan abortos, pero la mayoría se mantienen firmes en el cumplimiento del juramento hipocrático que hicieron sus profesionales para practicar la medicina. Muchos de ellos incluso denuncian a las madres que llegan con intención de hacerse un aborto, y aunque no vayan presas, en ocasiones ha sido suficiente para que la madre se arrepienta de su intención y decida darle la oportunidad de vivir a su hijo. Cabe agregar que ninguna madre que tuvo a su hijo se arrepiente de tenerlo, por lo que muchas veces vuelven luego agradecidas a tener a su hijo con el mismo médico que se negó a matarlo.

Situación actual (cantidad de abortos)

Si bien en nuestro país no hay información oficial de la cantidad de abortos que se practican, se puede estimar con bastante certeza que aproximadamente se realizan unos 30.000 abortos anuales reales. Partiendo de la base que un solo aborto ya representa un escándalo por sí solo, ello nos impulsa a tomar conciencia de la problemática de este crimen inmediatamente. No hay un minuto que perder en lo que se refiere a concientización pública al respecto del flagelo del aborto. Esto es posible y otros países han logrado bajar, como en el caso de Polonia (que tiene una población similar a la nuestra), de aproximadamente la misma cantidad a solo 395 abortos anuales, y siguen trabajando para alcanzar en breve una meta de ABORTO CERO. No obstante hay que comprender otra realidad igualmente alarmante: si se legalizara el aborto la cantidad producida se incrementaría brutalmente hasta los 150.000 abortos anuales o incluso mas. Esa fue la experiencia en todos los países donde lo legalizaron, y es un punto bastante impopular para los impulsores del aborto legal. Esa misma experiencia atraviesa Uruguay, único país de America del Sur que legalizó el aborto hace pocos años, en donde año a año se incrementan la cantidad de asesinatos prenatales.
Como resulta bastante evidente que esta realidad impopular resulta un escollo para los impulsores del aborto legalizado, recurrieron a un artilugio bastante curioso para justificar su mortal práctica: multiplicar por 20 la cantidad real de abortos. Lo hicieron en Estados Unidos en los años ´70 para legalizarlo allí, lo hicieron en Uruguay (hasta que ahora se demostró, tarde, que las cifras eran otras) y lo hacen en nuestro país: dicen que se realizan 500.000 abortos anuales… si leyó bien, eso es lo que dicen. Para comprender la dimensión de ese número, es casi la cantidad de embarazos que existen por año en nuestro país, cuya población es de apenas 40 millones (según el INDEC hay 700.000 nacimientos anuales). Siguiendo el pensamiento abortista casi se matan a todos los niños en el vientre… o se duplican la cantidad de embarazos y la mitad terminan en aborto (igualmente absurdo). Tan absurdo como que las 10 millones de mujeres fértiles de nuestra población abortan al menos una vez y media en su vida fértil, o sea que en la práctica ninguna mujer se salva de hacerse un aborto.
Igualmente absurdo para con las cifras del Ministerio de Salud de la Nación que dice que mueren 35 mujeres por año por cuestiones vinculadas a la maternidad (entre ellas por abortos clandestinos). Suponiendo que todas murieran solo por cuestiones vinculadas a un aborto clandestino, ubicaría a nuestro país en los mejores rankings internacionales de salubridad clínica vinculada al aborto (Rusia por ejemplo, donde el aborto es legal, declara 9.000 muertes anuales por la misma cuestión).
El problema es que para sus intentos de legalización, admitir esta realidad no les resulta conveniente, sobre todo cuando intentan justificar dicha legalización diciendo que el aborto “clandestino” es la principal causa de muerte femenina. Según cifras del Ministerio de Salud, mueren mas mujeres por accidentes de tránsito, por meningitis, por desnutrición, o por mal de Chagas, que por cuestiones vinculadas a la maternidad (incluido el aborto), por mas triste que esto pueda ser en pleno siglo XXI.
Todos los argentinos debemos trabajar para poner fin al flagelo del aborto de una vez y para siempre. Ya no existe mas justificación de pretender legalizar el aborto aduciendo que “siempre se van a hacer abortos”. Es tan absurdo como legalizar el asalto a mano armada, o las violaciones, justificando tal atrocidad en el hecho de que “siempre van a ocurrir”. No mas crímenes, no mas asaltos, no mas violaciones y no mas asesinatos de nacidos ni de niños en el vientre. Una Argentina libre de aborto es posible, depende de todos, ya que debemos generar conciencia del valor de la vida, y denunciar los abortorios al mismo tiempo. Requiere contención de las madres que se encuentran atravesando un embarazo inesperado, y desenmascarar la criminalidad del aborto, sea legal o clandestino, da igual.
La mujer nunca quiere un aborto, solo necesita apoyo y acompañamiento. Necesita información real sobre las secuelas que un aborto acarrea y del daño que genera. Necesita médicos que la ayuden a salir adelante, y no médicos que intenten asesinar a su hijo diciendo que es un derecho o un conjunto de células. En tiempos que se habla tanto de 30.000 desaparecidos, debemos generar conciencia para que este genocidio moderno que hoy elimina 30.000 vidas por año no produzca ni una muerte mas.